Cajas de cartón de distinto tamaño, cinta de embalaje, plumones y una casa que desarmar. No era una casa, era mi hogar, mi espacio, el comienzo de mi propia historia. No fue nada fácil, al empezar a ordenar aparecían cosas perdidas, recuerdos, fotografías que me llevaban a momentos pasados de felicidad y tristeza. Luego de esas cosas fue mi ropa, 1/3 de ella la destine para regalar a otras personas pues no tenía sentido guardarlas y mientras la sacaba, mi memoria fotográfica se hacía presente mostrando situaciones vividas con cada una de esas prendas, mi polera celeste de rayas con más de 10 años encima no la puedo botar, más que una prenda pasó a ser una reliquia.
Desarmé mi mural de la cocina que recordaba mis vacaciones, luego las cosas más grandes y poco a poco se vaciaba hasta quedar reducido en cajas y plásticos. Al ver esa escena entendí que es tan poco lo que se necesita para vivir, que lo material no es lo importante sino que las cosas vividas. Me daba lo mismo lo que pasara con las sillas o la mesa, que las compre el que quiera, ya guardé lo importante: Mis cuadernos, mis carpetas de la universidad, mi colección de rocas de las vacaciones, mi playa de vidrio y mi termómetro de galileo. El resto era totalmente prescindible, y lo único que me faltaba por hacer era guardar lo necesario en 23 kilos de maleta para empezar una nueva vida.
No te pude dar un abrazo de despedida... ni conversar contigo un café... deberá ser de vuelta.. cuando regreses de esta maravillosa aventura.
ResponderEliminarBeso.