jueves, 1 de octubre de 2020

Un hombre lastimado

Lo conocí sin querer, en medio de libros y poesía. Me cautivaron sus palabras, su honestidad para contarme historias de su vida, su separación, su vida en provincia y poco a poco fui construyendo su historia.
Se separó hace 8 meses después de cambiarse de ciudad. Creo que empaticé inmediatamente con su historia y me sentí reflejada. Con cada conversación, iba descubriendo esos pequeños detalles fascinantes y sincrónicos que se iban sumando al listado de me gusta mientras el no me gusta estaba prácticamente vacío. Recuerdo que lo mire detenidamente 3 veces, y pude ver su alma, bella alma y su corazón herido.

La primera sobre la terraza la primera noche acá en Casa Barco. Lo miré por el borde de mi capucha, para que no se diera cuenta mientras escuchábamos silenciosamente una canción de Silvio.

La segunda sobre una roca, con una rayo de sol a contraluz que atravesaban sus grandes ojos verdes de perfil. Un verde maravilloso, casi calipso, donde pude ver su transparencia y su corazón herido.

La tercera, escondida por un letrero, mientras dominaba perfectamente la pelota. Logré ver su pasión,  también su corazón herido.

Aún ama a su esposa, aún debe sanar la separación. Tiene que encontrarse a si mismo y eso lo debe hacer solo. Yo solo debo observarlo a lo lejos, mirar su hermosa alma, amar su corazón herido despegadamente y confiar en el universo y sus regalos de vida 

lunes, 17 de agosto de 2020

Me quiero amar mucho

 Me cuesta amarme. Desde siempre... . De hecho, me amo un poco más que en mi adolescencia y juventud. He logrado elegirme a mi misma por sobre una vida miserable acompañada de un otro. Es un aprendizaje continuo. No soy capaz de reconocer mi desamor. Es algo tan normalizado en mi vida pero que estoy observando, abrazando y sanando. 

Tengo a mis amigas y amigos adorad@s, que me dan todo el amor que yo no me doy. A esos regalos del universo con quienes nos conectamos mágicamente y le dan sentido a la existencia. Vibramos alto, sinérgicamente, sincrónicamente, en amor. Y es en ese lugar que agradecemos, nos perdonamos y nos amamos. Y volvemos a nuestro centro.

Un suspiro, es doloroso el desamor. Siento profundamente todas las decisiones que han sido tomadas por el desamor. Observo y aprendo de él. Y cada día, me amo un poco más.

No recibí la enseñanza para amarme. Debía estar sometida y maltratada. No me querían libre y hermosa, porque de ser así, jamás habría aceptado esas transgresiones sobre mi persona. 

En esta pandemia, ha llegado la hora de amarme. Gracias gran maestra soledad y gracias a mis adoradas amigas que han estado ahí para contenerme y entregarme amor para aprender de él. Este es el instante en que la mayor lección de la vida se revela ante nuestro ser. Amar y ser amado. Me quiero amar mucho. 



lunes, 3 de agosto de 2020

Una señal en Luna llena

En medio de esta pandemia, con cuatro meses de encierro y reencuentro con mi ser, le pedí una señal al universo en una noche de Luna llena.
Me llevé las manos a mi corazón y eleve una plegaria para deshacerme de mi locura (¿o cordura?):
"Universo, dame una señal, mañana o esta semana, para saber si este hombre que esta atascado a mi corazón es por mi tozudez y orgullo, o porque estamos conectados y nuestro momento de encuentro se acerca y que su recuerdo no es en vano. Luna llena, que esto que siento llegue a su lado. Hazme tomar su mano mientras dormimos separados en cuerpo pero cercanos en alma"

Una señal, cualquiera. ¿Sería capaz de verla? Claro que si. Mi vida es sincronía absoluta sin casualidades. Todo es como debe ser. 
Y con la ayuda de la Luna, el universo me escuchó.... Ese hombre que tiene mi corazón hace unos meses atrás, me dedico unas palabras. Meses que no recibía palabras dedicadas a mi y con un toque de cariño. Cuanta alegría de saber de él, cuan perdida estuve al maltratarme por sentir lo que siento por otro ser humano. Acaricio mi cabeza y me quedo en paz. Ha sido un hermoso viaje interior, para ambos, y sé que cuando volvamos a estar juntos, nos reconoceremos como compañeros y nos tomaremos de la mano bajo la luna, agradeciendo su silenciosa complicidad con el universo, para unirnos en esta vida. 



sábado, 11 de abril de 2020

Mi propósito

Encontrar el propósito en la vida hace que despertarse en la mañana sea un placer y permite saber que todas las cosas malas no son tan malas porque pase lo que pase, sabes cual es el sentido de tu vida. He descubierto mi propósito, lo busque en la universidad, en un magister en Inglaterra, hablando otros idiomas y viajando por el mundo. Tenía que vivir todo eso para que un día soleado de agosto, bajando el cerro san Cristobal en bicicleta después de haber carreteado y dormido solo 3 horas que entendí para que estaba yo en este mundo. Mi propósito es tan tan simple, es compartir mi felicidad y hacer feliz a otros a través de pequeños detalles, a través de la confianza en el mundo, a traves de una sonrisa, una broma, una conversación. Ese propósito si lo cumplo cada uno de mis días me hace feliz. Es todo un círculo, soy feliz, hago feliz a otros y esos otros me hacen feliz cuando estoy triste. Desde que empecé a practicar mi propósito, (sin identificarlo como tal en esos momentos), ese circulo de felicidad se empezó a cumplir. En días negros, de llanto y dolor en el corazón, llegaba alguien a darme su amor, abrazarme y decirme que todo iba a estar bien, ya sea de presencia o a la distancia. Asi voy aprendiendo. No me importa lo que pase a mi alrededor, si me encuentro con seres humanos que usurpan amor más que generar y cuyo propósito es opuesto al mio, no importa.... es lo opuesto complementario. Hay que dar amor para equilibrar el odio. Hay que hacer bien para contrarrestar el mal. Pensar en el otro, entregar amor para recibir amor: Ese es mi propósito.