lunes, 19 de agosto de 2013

Don Carlos Torres

Eran las 7 pm, hora peak de regreso a casa. Me quedaban 10 estaciones para llegar a destino y no tenía baterías en mi Mp3, tenía que escuchar a la gente...
Se subió un hombre con pocos dientes que cargaba una pesada maleta de herramientas, la cual apoyó en el suelo y se sentó sobre ella. Exclamó su alivio al poder sentarse mientras se sacaba el jokey de su cabeza.

Sus manos eran gruesas, con la piel desgastada por el trabajo. Callos y pintura oscura, pedazos de piel descamandose luego de toda una vida de esfuerzo y trabajo.
Me saqué los audifonos que tenía puestos de manera automática sobre mi cabeza para que la gente piense que no estoy ahí. Me di cuenta que era una estupidez y los colgué a mi cuello de inmediato.
Escuchaba sus conversaciones, con un acento imposible para cualquier gringo que lleve viviendo años acá en Chile y en un momento tomó mi mochila y la apoyo sobre su maleta.
Lo miré sonriendo y le dije: "gracias llévela ahí no ma'" y comenzamos a hablar.
Ese hompre pequeño, de no más de 1.54 mt, de profesión soldador llevaba 23 años "felizmente casado" (cita textual), tenía una hija de 22 que estaba estudiando construcción en el DUOC que medía 1.90 mt...

Con lo expresiva que soy, seguro que notó mi sorpresa ante lo que respondió mi señora mide 1.83... Le dije "Pero muy bien, usted sí que sabe.." me sonrió y dijo "en la cama uno está estiraito uno al lado del otro y no se nota la diferencia....". Y le conté sobre mi padre quien me enseño a estucar y empastar, me contó que se despertaba a las 5 am para llegar a su trabajo, que era agradecido de la vida y que era feliz, teniendo un buen matrimonio, una linda hija que no tuvo hermanas ya que su señora perdió las tres siguientes pero que salió muy avispá, no le importa lo que le dicen y que siempre se ha esforzado y salido adelante.

Le estiré mi mano y pregunté su nombre, 2 veces, "Carlos Torres, y usté la señorita crespita de ojos claros que se llama como mi mejor amigo Romy! Le agradecí la conversa y le pedí al universo poder volver a encontrar a Don Carlos en algún vagón del metro nuevamente. Y al sabir por las escaleras me prometí que nunca más reclamaría por tener que trabajar en Huechuraba, ni por tener que caminar para poder tomar micro ni por lo apretada que me iba. Gracias Don Carlos, su historia quedará guardada en esta humilde nota que guardaré por siempre en mi blog y dentro de mi corazón, mil gracias!