sábado, 27 de agosto de 2011

Il Bouquet di la Sposa.


Después de 7 platos de comida y mucho pero mucho vino, llego el momento de realizar una de las más conocidas tradiciones de esta ceremonia de nupcias: lanzar el ramo de novias, para que la afortunada soltera  ganadora tenga la esperanza de ser la siguiente en vestirse de blanco.

Odio esos fuckin protocolos, jamás he hecho un esfuerzo por alcanzarlo, y la única vez que lo gané, fuer porque quería tener la foto junto a mi mejor amiga del colegio, con la cual llevábamos tantos años de amistad, y ese ramo en mis manos, en aquel diciembre del 2008 me llevo a pensar si realmente quería casarme y formar  familia con mi novio de 6 años. No, no estaba preparada para eso y cual novia fugitiva lo dejé a los 2 meses  después de ese bendito matrimonio.

Todas las solteras nos tuvimos que parar, y no se libraban en este particular matrimonio europeo que mezclaba Italianos, Alemanes, Chilenos y una Húngara de Transilvania. Si, una Húngara de Transilvania.
Pero no fue como cualquier matrimonio, estábamos todas detrás de la novia y no había ninguna chica con intenciones de caer el ramo. Mi prima alzó el brazo y el bouquet de flores salió disparado a sus espaldas con dirección a la masa de féminas que tenía a unos chicos alemanes infiltrados porque pensaban que era un juego.
Cuando las flores estaban  por caer sobre el grupo de gente, se empezó a formar un hollo, las chicas huían en dirección opuesta a esa cosa que llevaba implícita la frase “Búscate un hombre y cásate ya”.  Todo esto lo observaba desde mi cómoda posición en la última fila, cerca de una rosas, el ramo iba cayendo mientras que las solteras se iban corriendo.
Finalmente, el bouquet de flores quedó tirado en el pasto, sin que nadie se halla interesado por él., lo recogió un chico alemán con una sonrisa y se fue a sacar la respectiva foto con la novia. …..
Quedé helada, jamás había estado en una situación como esa, nunca  pensé que iba a ser posible, y me sentí tan bien.... comprendida, acá no soy un bicho raro pues son más las que piensan como yo que las que están preocupadas por casarse y no llegar solteras a los 30. 

jueves, 25 de agosto de 2011

La mudanza

Cajas de cartón de distinto tamaño, cinta de embalaje, plumones y una casa que desarmar. No era una casa, era mi hogar, mi espacio, el comienzo de mi propia historia. No fue nada fácil, al empezar a ordenar aparecían cosas perdidas, recuerdos, fotografías que me llevaban a momentos pasados de felicidad y tristeza. Luego de esas cosas fue mi ropa, 1/3 de ella la destine para regalar a otras personas pues no tenía sentido guardarlas y mientras la sacaba, mi memoria fotográfica se hacía presente mostrando situaciones vividas con cada una de esas prendas, mi polera celeste de rayas con más de 10 años encima no la puedo botar, más que una prenda pasó a ser una reliquia.
Desarmé mi mural de la cocina que recordaba mis vacaciones, luego las cosas más grandes y poco a poco se vaciaba hasta quedar reducido en cajas y plásticos. Al ver esa escena entendí que es tan poco lo que se necesita para vivir, que lo material no es lo importante sino que las cosas vividas. Me daba lo mismo lo que pasara con las sillas o la mesa, que las compre el que quiera, ya guardé lo importante: Mis cuadernos, mis carpetas de la universidad, mi colección de rocas de las vacaciones, mi playa de vidrio y mi termómetro de galileo. El resto era totalmente prescindible, y lo único que me faltaba por hacer era guardar lo necesario en 23 kilos de maleta para empezar una nueva vida.


martes, 9 de agosto de 2011

Seis años en 3 horas

Seis años, un quinto de nuestras vidas pasaron en 3 horas de conversación. Llegamos puntualmente al café del sofá después de 2 años y medio de mutua ausencia. La conversación fue espontanea, de una sinceridad enorme, y fue increible apreciar lo grande que estabamos, que este tiempo no paso en vano y en su paso nos quitó parte de la adolescencia.
Nos tocó vivir procesos similares, tuvimos que enfrentar nuestros "yo" respectivos para crecer y renacer. Me sentí reconfortada al ver que estábamos en las mismas búsquedas, habíamos llegado a apreciar y darnos cuenta de cosas tan parecidas y que vibrábamos con las mismas cosas. Mientras me hablaba lo miraba y buscaba en mi corazón el recuerdo de todo el amor que le tenía y lo encontré...
Lo había escondido tan bien que no me había recordado lo que ese hombre me había hecho sentir. Lo amé, mucho, no fue una pasión extrema ni tan intensa como otras que he tenido, fue un amor tranquilo, seguro, de un cariño sincero que jamás se olvidará por el resto de nuestras vidas. Ambos fuimos siempre muy correctos con el otro, pero por lo mismo fuimos incapaces de comunicar nuestros dolores y frustraciones.
Nos tomamos bastante tiempo para hablar de nuestras familias, ambos recibimos amor y apoyo de nuestros padres opuestos, y la separación no fue sólo para nosotros, sino que también para ellos, para nuestros hermanos, tíos, primos, amistades, tanta historia entre nosotros, tantos proyectos en común, queríamos formar una familia, nos veíamos viejos y juntos, pero el precio que debíamos pagar era muy alto: yo me convertí en alguien que no era y tú te quisiste convertir en algo que no eras. Ambos perdimos nuestros YOs para agradar al otro y eso tarde o temprano cayó por su propio peso.

Caminamos por seminario, me agradeció por todo el amor que yo le había dado, que se había sentido querido como nunca y que había sido algo tan maravilloso, que no había sido capáz de entregarse a otra mujer para ser amado  ya que había sufrido mucho cuando fue despojado de cariño. Yo le agradecí por haberme hecho ver la vida de otra manera, a ser menos estructurada y más ociosa,, entre otras cosas...

Se acabó el tiempo, cruzamos juntos la calle pero debíamos separarnos, me subí sobre una cuneta, inconscientemente busco mayor altura y te reíste por eso,  te abracé para no hacer más difícil la despedida, fue un abrazo largo largo largo y te acaricie la espalda, y volví a sentir esa seguridad que no he podido tener en otros brazos, en tantos otros brazos, y me quedé ahí agarrada fuertemente a tu espalda, recordando esa grata sensación, boté mi armadura y estaba desnuda, vulnerable como soy pero segura entre tus brazos.
Me seque las lágrimas en tu polerón verde, te secaste las tuyas en mi chaleco rayado y caminamos en direcciones opuestas cargados de emociones, tranquilos y livianos, necesitábamos revivir parte de nuestra historia y fue maravilloso, gracias, mil gracias amor de mi vida, y que el destino te llene de amor y música...

lunes, 1 de agosto de 2011

Landing in reality

29 de julio y no había cambiado mi rutina de vida, me había dedicado 13 días a evadir mi éxodo, hasta que ese viernes me lanzaron el dardo de la realidad y reaccioné, tenía que aterrizar...
Aterrizar a que sólo dispongo de 3 semanas para desarmar 29 años de vida, poner lo que me cabe en una maleta y que no exceda de 30 kilos, demasiado pequeña para tanta vida, buena vida definitivamente.

Y para aterrizar debí buscar una pista, un lugar donde enfocarme para empezar el éxodo: desocupar mi puesto de trabajo.
Fueron 4 años y 106 días, el segundo lugar físico después de mi cama donde más tiempo pasé. En esa silla verde ya desgastada por el uso inventé experimentos, resolví problemas administrativos, lloré por amor, recibí grandes y hermosas noticias, pelié con los resultados, descubrí mi vocación, mis fortalezas y debilidades, soñé con vidas paralelas y tome decisiones trascendentales, como la de emprender nuevos rumbos y salir a tomar el mundo con mis manos.
No puedo dejar de mencionar las hermosas personas que estaban a mi alrededor, que me contenían cuando lo necesitaba, me aconsejaban día a día, me enseñaban y yo enseñaba a otros. Fue mi segunda familia desde que decidí seguir mi vida sola y parte de lo que soy, en el aquí y ahora del tiempo y el espacio, lleva el legado de ese grupo de personas.

Agradecida de todo eso, lloré sobre mi escritorio vacío, siempre desordenado, con tazas de té a medias, con mate frío y con fruta esperando por ser comida, las manzanas vivían tras mis pantallas por semanas hasta que terminaban en boca de otros, lloré y mucho porque estoy asustada del aterrizaje, pero el susto no me detendrá, seguiré adelante llorando todo lo que tengo que llorar para armar una buena maleta para emprender mi viaje