martes, 9 de agosto de 2011

Seis años en 3 horas

Seis años, un quinto de nuestras vidas pasaron en 3 horas de conversación. Llegamos puntualmente al café del sofá después de 2 años y medio de mutua ausencia. La conversación fue espontanea, de una sinceridad enorme, y fue increible apreciar lo grande que estabamos, que este tiempo no paso en vano y en su paso nos quitó parte de la adolescencia.
Nos tocó vivir procesos similares, tuvimos que enfrentar nuestros "yo" respectivos para crecer y renacer. Me sentí reconfortada al ver que estábamos en las mismas búsquedas, habíamos llegado a apreciar y darnos cuenta de cosas tan parecidas y que vibrábamos con las mismas cosas. Mientras me hablaba lo miraba y buscaba en mi corazón el recuerdo de todo el amor que le tenía y lo encontré...
Lo había escondido tan bien que no me había recordado lo que ese hombre me había hecho sentir. Lo amé, mucho, no fue una pasión extrema ni tan intensa como otras que he tenido, fue un amor tranquilo, seguro, de un cariño sincero que jamás se olvidará por el resto de nuestras vidas. Ambos fuimos siempre muy correctos con el otro, pero por lo mismo fuimos incapaces de comunicar nuestros dolores y frustraciones.
Nos tomamos bastante tiempo para hablar de nuestras familias, ambos recibimos amor y apoyo de nuestros padres opuestos, y la separación no fue sólo para nosotros, sino que también para ellos, para nuestros hermanos, tíos, primos, amistades, tanta historia entre nosotros, tantos proyectos en común, queríamos formar una familia, nos veíamos viejos y juntos, pero el precio que debíamos pagar era muy alto: yo me convertí en alguien que no era y tú te quisiste convertir en algo que no eras. Ambos perdimos nuestros YOs para agradar al otro y eso tarde o temprano cayó por su propio peso.

Caminamos por seminario, me agradeció por todo el amor que yo le había dado, que se había sentido querido como nunca y que había sido algo tan maravilloso, que no había sido capáz de entregarse a otra mujer para ser amado  ya que había sufrido mucho cuando fue despojado de cariño. Yo le agradecí por haberme hecho ver la vida de otra manera, a ser menos estructurada y más ociosa,, entre otras cosas...

Se acabó el tiempo, cruzamos juntos la calle pero debíamos separarnos, me subí sobre una cuneta, inconscientemente busco mayor altura y te reíste por eso,  te abracé para no hacer más difícil la despedida, fue un abrazo largo largo largo y te acaricie la espalda, y volví a sentir esa seguridad que no he podido tener en otros brazos, en tantos otros brazos, y me quedé ahí agarrada fuertemente a tu espalda, recordando esa grata sensación, boté mi armadura y estaba desnuda, vulnerable como soy pero segura entre tus brazos.
Me seque las lágrimas en tu polerón verde, te secaste las tuyas en mi chaleco rayado y caminamos en direcciones opuestas cargados de emociones, tranquilos y livianos, necesitábamos revivir parte de nuestra historia y fue maravilloso, gracias, mil gracias amor de mi vida, y que el destino te llene de amor y música...

No hay comentarios:

Publicar un comentario