jueves, 18 de noviembre de 2010

La rebelión del corazón

Tenía que ser el día más frío de noviembre, el día después de que  los termómetros marcaron 33ºC, bajo una lluvia torrencial que inundó Santiago. Bajo esas condiciones, mi corazón decidió sobrepasar la barrera cerebral que lo controlaba y me dominó por completo. Hizo que tomara la bicicleta y me arrojara a rodar por las calles para plantarme frente a tu casa y decirte que te amaba.

Mi pobre corazón, quería salirse de mi pecho y ser libre de una vez, libre de mi orgullo y de mi razón  para mostrarse en plenitud sin temores ni expectativas, era la simple necesidad de reclamar un lugar importante en mi vida y para que nunca más lo relegue a un segundo plano.

Se me olvidó el número de tu casa, iba y venía por tu calle, yo creo que nadie aparte de mí diferencia tan bien las casas de tu cuadra, y llovía, y mi corazón no me dejaba regresar a casa, no hasta que te hablara.
 Finalmente dí con tu casa pero no te encontré, tenía que ser de esa manera como corolario de esta historia pues nunca estabas cuando te necesitaba y esas cosas no cambian.

Y pese al dolor que me produjo mi corazón loco por no encontrarte,
 mi aventura no fue en vano,
dejé mis lágrimas en Macul con Quilín,
me llevé paz y una sonrisa,
porque estaba reconciliada con mi corazón.

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