Me cuesta amarme. Desde siempre... . De hecho, me amo un poco más que en mi adolescencia y juventud. He logrado elegirme a mi misma por sobre una vida miserable acompañada de un otro. Es un aprendizaje continuo. No soy capaz de reconocer mi desamor. Es algo tan normalizado en mi vida pero que estoy observando, abrazando y sanando.
Tengo a mis amigas y amigos adorad@s, que me dan todo el amor que yo no me doy. A esos regalos del universo con quienes nos conectamos mágicamente y le dan sentido a la existencia. Vibramos alto, sinérgicamente, sincrónicamente, en amor. Y es en ese lugar que agradecemos, nos perdonamos y nos amamos. Y volvemos a nuestro centro.
Un suspiro, es doloroso el desamor. Siento profundamente todas las decisiones que han sido tomadas por el desamor. Observo y aprendo de él. Y cada día, me amo un poco más.
No recibí la enseñanza para amarme. Debía estar sometida y maltratada. No me querían libre y hermosa, porque de ser así, jamás habría aceptado esas transgresiones sobre mi persona.
En esta pandemia, ha llegado la hora de amarme. Gracias gran maestra soledad y gracias a mis adoradas amigas que han estado ahí para contenerme y entregarme amor para aprender de él. Este es el instante en que la mayor lección de la vida se revela ante nuestro ser. Amar y ser amado. Me quiero amar mucho.
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