martes, 4 de marzo de 2014

Intoxicación

Estoy intoxicada por la sociedad en la que vivo, donde los sentimientos están por debajo del dinero y el estatus social.
Vomitando me encuentro este día,  al sentir en carne propia como mi mundo cercano no es capaz de estar en el lugar de otro y como el instinto miserable se apodera de gente, que se dice ser de izquierda y que pasó muchos anios de su vida exiliada política por no estar de acuerdo a las ideas dictatoriales de Pinochet.

Ella viene de ese mundo, de retornados, pero parece ser que se le olvidaron todos los ideales por los que sus padres lucharon. A la hora de dividir el motin, se dejo todo para ella, miserablemente.

Me despidieron, porque la empresa no tenía liquidez, y en el último día en la oficina de Huechuraba, intento tomar un café, pero ya no había. La izquierdista exiliada-retornada se lo había llevado, junto con el té, la sal y el azúcar... ah y el cubierto así que no tuve cuchillo para cortar mi tomate.

Mi indignación fue mayor y escaló a medida que pasaban las horas. Le escribí un correo que preguntaba si por favor nos enviaba esas cosas básicas para trabajar en marzo y se negó, pues no le habían pagado la deuda de arriendo de la oficina.
Yo la imaginaba más inteligente, acaso 8 lucas en mercadería le hacen la diferencia? Yo creo que no, por como ella vive con su auto de 17 palos híbrido y su casa nueva en Huechuraba y el evadir impuestos a través de su sociedad donde pasa gastos como el restaurant del fin de semana, la bencina diaria o el amplificador de música de su hijo.

Me da asco esa falsedad y arribismo, pero sobre todo lo que me hizo vomitar fue su miseria. No quiero estar cerca de gente así, que no vea a los otros como seres humanos. Me voy con la frente en alto, ni siquiera fue ella mi superior pero lamentablemente como mi jefe esta bajo ese mismo alero de miserabilidad me retiro aunque se levante plata. No quiero gente doble estandard en mi vida. Que se vayan a la mierda.

Hoy, la rabia se apoderó de mi por todas las cosas citadas más arriba y otras acumuladas. Debo aprender a lidiar con la sociedad que me rodea: acaso debo ponerme la máscara y actuar como ellos esperan? No quiero, sigo en mi terquedad de creer en una mejor sociedad con más amor, empatía,  y respeto por el otro a pesar de que últimamente he recibido todo lo contrario y que tenga mi corazón destruido. Mi pobre corazón maltrecho se repondrá de esta intoxicación  y ya llegará el momento justo para volver a amar como lo hizo, a confiar y a actuar acorde a esas emociones, como hace algún tiempo atrás logró hacerlo. Seguiré vomitando bilis y pus para eliminar esta intoxicación del corazón. 

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