Tuve la oportunidad de conocer a tu pequeño, y verte con él en tus brazos. Mientras él te abrazaba y te besaba, me hizo entender tantas cosas de ti, el hombre en el que te has convertido y lo que esa pequeña personita ha hecho en tu vida.
Ese pequeño, tu guatón, te permitió aprender a amar. Lo veo en como brillan tus ojos y como se fija una sonrisa en tu cara. Por mucho tiempo pensé que eras una falla del sistema que no tenías corazón pero estaba equivocada. Si lo tenías, sólo estaba dormido.
Fue muy intenso el compartir esto contigo. No sabía como actuar, no quería entrometerme, quería estar pero no interferir, pero creo que la tensión se rompió cuando nos lanzamos a recorrer la laguna siendo los más veloces de todos, y nos enfocábamos en perseguir a los patos, en la misma laguna que guarda el recuerdo más puro de mi abuelo Pedro, al cual mi padre no le dirigió la palabra hasta el día de su muerte. En esa laguna, casi 20 años atrás, fuimos de paseo. Mi abuelo estaba lleno de energía y tomaba los remos con sus manos y me enseñaba la técnica. La risa estridente de mi abuelo volvió a mi memoria, creo que no la recordaba hace años. Ese hombre desconocido para mi, que era malo y bueno a la vez, que no tuve la oportunidad de conocer, pero que cada vez que estaba conmigo me brindó felicidad.
Agradezco que hayas compartido conmigo lo más importante de tu vida, significa mucho para mi. Crecí escuchando que la gente no cambiaba pero desde lo profundo de mi corazón siempre supe que la vida no podía ser así. Uno cambia, porque aprende de sus errores, y somo libres de cambiar y crecer para convertirnos en mejores personas para nosotros mismos y para los demás.
Gracias por un día maravilloso, me sentí muy querida. Me voy a dormir con muchas emociones pensando en como el amor de padre puede sanar y despertar hasta el corazón más dormido. Gracias por compartir conmigo tu amor de padre.
Ese pequeño, tu guatón, te permitió aprender a amar. Lo veo en como brillan tus ojos y como se fija una sonrisa en tu cara. Por mucho tiempo pensé que eras una falla del sistema que no tenías corazón pero estaba equivocada. Si lo tenías, sólo estaba dormido.
Fue muy intenso el compartir esto contigo. No sabía como actuar, no quería entrometerme, quería estar pero no interferir, pero creo que la tensión se rompió cuando nos lanzamos a recorrer la laguna siendo los más veloces de todos, y nos enfocábamos en perseguir a los patos, en la misma laguna que guarda el recuerdo más puro de mi abuelo Pedro, al cual mi padre no le dirigió la palabra hasta el día de su muerte. En esa laguna, casi 20 años atrás, fuimos de paseo. Mi abuelo estaba lleno de energía y tomaba los remos con sus manos y me enseñaba la técnica. La risa estridente de mi abuelo volvió a mi memoria, creo que no la recordaba hace años. Ese hombre desconocido para mi, que era malo y bueno a la vez, que no tuve la oportunidad de conocer, pero que cada vez que estaba conmigo me brindó felicidad.
Agradezco que hayas compartido conmigo lo más importante de tu vida, significa mucho para mi. Crecí escuchando que la gente no cambiaba pero desde lo profundo de mi corazón siempre supe que la vida no podía ser así. Uno cambia, porque aprende de sus errores, y somo libres de cambiar y crecer para convertirnos en mejores personas para nosotros mismos y para los demás.
Gracias por un día maravilloso, me sentí muy querida. Me voy a dormir con muchas emociones pensando en como el amor de padre puede sanar y despertar hasta el corazón más dormido. Gracias por compartir conmigo tu amor de padre.
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