Qué difícil se me hace escribir acerca de la felicidad. Decir que salgo con una sonrisa de casa y que mi corazón grita a los cuatro vientos que soy inmensamente feliz. Probablemente se escucha en el hemisferio sur, porque habla muy fuerte y no lo quiero callar.
Qué difícil encontrar los adjetivos para poder describir lo que siento, luego de una década de palabras tristes y desoladas, de lamentos y lágrimas, de rabia y desconsuelo, de amargura y desaliento.... y podría seguir con esos adjetivos tristes hasta el final de este párrafo y lo podría haber hecho hasta el final de mi vida.
Pero decidí que no, que quería ser feliz. Y estoy aprendiendo nuevas palabras como florecer, brillar, amor, abrazar, agradecer, respirar, sonreir, un café en la mañana, un abrazo de cariño, una mano de ayuda al otro, regalar, sol, luna, noche, día, viento, lluvia, frío, música, presente, simple y vida.
Porque la felicidad no se consigue alcanzando una meta, sino que se vive en el camino, a cada segundo, cada detalle que pasa desapercibido frente a los ojos. Porque la naturaleza humana vive de desafíos, como va a ser la felicidad algo tan sencillo? Es el precio de la neocorteza lógica y pensante que la evolución nos hizo pagar, ser ciegos a la felicidad que esta en medio de nuestro corazón, en lo profundo de nuestro ser y yo, la encontré!!
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