jueves, 26 de agosto de 2010

Fixing myself, again...

Hace 4 meses decidí que debía ir a un psicólogo porque mi bipolaridad me estaba pasando la cuenta. Tuve mi sesión de diagnóstico y la segunda con el psicólogo tratante. Tenía mi discurso armado y las cosas claras de las causas de mis oscilaciones anímicas, pero se percató de ello y buscó el lado B de mi historia abriendo ventanas clausuradas cuyo interior no me gustó. No me gustaron y por las postulaciones a becas y el estudio de inglés postergué mi terapia, busqué todos los fundamentos para no seguir y me auto-boicotie.
Volví sobre mis pasos, cuando uno toma la decisión de ir a terapia es algo super fuerte, porque aceptas que tienes un problema y quieres arreglarlo. Me acobardé y pensé que ya todo había pasado y que por fin estaba estable y feliz.
Me aguanté por mucho tiempo, y no me di cuenta del hollo al que iba cayendo. Empecé a alejarme de la gente, a estudiar mucho, a pasar mucho tiempo sola. Y la soledad se convirtió en desolación y volvieron las noches de insomnio despertándome en la madrugada para llorar con pensamientos de angustia e irreales. Las lágrimas simplemente rodaban por mis mejillas en momentos inoportunos., estaba perdiendo el control de mi misma odiandome por todo lo que soy, lo que he hecho y lo que no he hecho.

Toqué fondo, ya había estado ahí y no había aprendido, aunque hacía de mi vida algo distinto llegaba al mismo lugar. El camino fácil no sirve, ¿será que por fin aprendí? El camino largo es con terapia, escarbando mi adolescencia, mi rabia oculta que descargo sobre mi, enfrentando la realidad y asumiendo que no estaré muy bien estos meses.

Pero estoy trabajando para mi, por primera vez en mi vida

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